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Nuria García-Fernández

La monitorización y optimización de la salud de la ubre de las vacas lecheras es vital para mejorar la producción láctea, la sostenibilidad y la eficiencia económica. Un estudio reciente de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Ghent analizó las infecciones intramamarias durante el periodo de secado mediante datos de recuento de células somáticas (RCS). Los RCS se usan habitualmente para determinar si una vaca en lactación tiene infección intramamaria. Generalmente, un recuento por encima de 200,000 células por mL indica presencia de infección.

Los investigadores Lipkens y col. (2019) determinaron los índices de infección mamaria al secado, evaluaron cómo evolucionaron estos durante el periodo de secado y los efectos que las infecciones tienen en la siguiente lactación. El trabajo monitorizó 739 vacas en 33 granjas comerciales Holstein localizadas en Flandes (Bélgica). Las vacas tenían un registro de control lechero antes del secado (máximo de 42 días antes) y al menos 2 registros de control lechero después del parto, el primero de ellos entre los 12 y 14 días de lactación. Todos los productores aplicaron una terapia antimicrobiana en sábana y el 85 % de ellos además aplicó selladores internos de pezones.

Los resultados de este trabajo se publicaron en el Journal of Dairy Science. Los investigadores encontraron que:

  • Un 57.4 % de las vacas se mantuvo sano durante el periodo seco (RCS en el control lechero <200,000 cel./mL antes y después del periodo seco).
  • Un 8.3 % adquirieron una nueva infección durante el periodo seco (RCS <200,000 cel./mL antes del periodo seco y ≥200,000 cel./mL después de este).
  • Un 23 % se curó de una infección previa durante el periodo seco (RCS ≥200,000 cel./mL antes y <200,000 cel./mL después del periodo seco).
  • Un 11.4 % de las vacas permanecieron infectadas de forma crónica (RCS ≥200,000 cel./mL antes y después del periodo seco).

Combinando estos datos, los investigadores concluyeron que había un 12.6 % de riesgo de contraer una nueva infección intramamaria durante el periodo de secado y un 66.9 % de riesgo de curar una infección presente en este periodo. El riesgo de nueva infección se calculó mediante la división del número de vacas con una nueva infección entre el número total de vacas sanas al secado. Del mismo modo, el riesgo de cura se estimó al dividir el número de animales con una infección curada entre el número total de vacas infectadas al secado. Estos resultados sugieren que aplicar una terapia antimicrobiana al secado no es suficiente para garantizar una adecuada salud mamaria al parto.

La evolución de las infecciones mamarias durante el periodo de secado afectó los RCS en los controles lecheros, el riesgo de mastitis y el riesgo de reemplazo durante la siguiente lactación:

  • Los RCS después del parto fueron más elevados en vacas con nueva infección, vacas curadas y vacas crónicamente infectadas que en vacas sanas.
  • Mientras que un 7.6 % de vacas sanas tuvieron mastitis clínica durante el estudio, el 13.5 % de las vacas con nueva infección, el 15.4 % de las curadas y el 22.7 % de las infectadas de forma crónica tuvieron casos de mastitis.
  • Del mismo modo, el riesgo de reemplazo aumento significativamente de un 3.5 % en vacas sanas a un 4.9 %, 6.5 % y 11.9 % en vacas con nueva infección, curadas e infectadas de forma crónica. Así, estas últimas tuvieron 3.68 veces más riesgo de abandonar al rebaño que las vacas sanas.
  • Sorprendentemente, la producción láctea no se vio relacionada con las infecciones intramamarias durante el periodo seco.

Es interesante resaltar que a pesar de tener menores recuentos de células somáticas en el primer control lechero de la lactación, las vacas que curaron durante el periodo seco tuvieron RCS más elevados y mayor probabilidad de desarrollar mastitis clínicas y ser desechadas que las vacas sanas. Esto podría deberse a que estas vacas no se curaron bacteriológicamente durante el periodo seco o que fuesen más susceptibles de contraer una nueva infección debido al daño de su estructura mamaria.

En conclusión, mantener ubres sanas es siempre una prioridad, pero es especialmente importante antes del momento del secado y durante todo este periodo, ya que afecta al rendimiento de las vacas durante la siguiente lactación. Un programa exitoso de secado debería proteger a las vacas de contraer nuevas infecciones y, al mismo tiempo, curar las infecciones existentes en la glándula mamaria. Las vacas que empiezan el periodo seco con infección mamaria tienen mayor riesgo se desarrollar futuras infecciones y de abandonar el rebaño durante la siguiente lactación.

Referencia

Lipkens, Z., S. Piepers, J. Verbeke, and S. De Vliegher. 2019. Infection dynamics across the dry period using Dairy Herd Improvement somatic cell count data and its effect on cow performance in the subsequent lactation. J. Dairy Sci. 102:640–651.

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